Como ya sabéis todos, ahora los correbous catalanes están blindados, o sea, que en Cataluña se prohíbe matar toros pero no maltratarlos. Salvo catorce juiciosos parlamentarios (dos socialistas, aunque sea...) y cinco abstencionistas, el resto ha votado a favor del blindaje institucional. ¿Cómo? ¿¿Qué?? Pues sí, todos aquellos que desacreditaban la ley de prohibición por ser creada con fines partidistas, pueden hoy verificar su postura porque la clase política catalana es igual de mierdosa que en el resto del país. El argumento empleado por los hipócritas, según El País, ha sido el del valor cultural (atención, atención) de los correbous en toda la zona, cuando en el caso de las corridas el argumento cultural (español) quedaba de lado en favor de la postura animalista.
Voy a empezar a buscar 150.000 firmas para proponer en el parlamento catalán la ejecución de su clase política.
En 1951, Billy Wilder estrenó la peli "Ace in the Hole", traducida al español con el título de ahí arriba. Resumiendo, la cosa va de un periodista que encuentra en un poblacho la oportunidad para relanzar su carrera, haciéndose dueño de la exclusiva de una tragedia humana (tragedia por ser individual y no colectiva, lo cual lo convertiría en estadística, como dijo aquél): un hombre queda atrapado en una cueva tras un desprendimiento, y puede ser rescatado pero el periodista (Kirk Douglas) tratará de lentificar el proceso de tal forma que la exclusiva pueda ser exprimida como dios manda.
La idea llevaba rondando mi cabeza hace semanas, pero cuando hace unos minutos he visto el artículo, en El País, titulado "retrato, uno a uno, de los 33 mineros atrapados bajo tierra" me ha quedado completamente claro. Normalmente esto sólo sería un acontecimiento a pequeña escala, una noticia de éstas que ocupan un párrafo. Pero algunos periodistas hábiles han debido de darse cuenta del filón que esto suponía: 33 mineros buscando no sé qué en una mina, y resulta que el material más preciado que está ahí abajo son ellos mismos. Treinta y tres tragedias, cada una por separado (todas juntas, una mierda), que serán además treinta y tres triunfos de la humanidad y su coraje sobre no sé qué elemento de la naturaleza, porque, eso también lo saben los periodistas, las noticias amables venden mucho mejor. A los de "¡Viven!" (y a los mineros, por lo visto) les hacen una peli, a los del Kursk les dan por el culo.
No os cuento el final de "Ace in the Hole", merece la pena ver la película entera.
Nadie, por mucho cinismo que gaste, puede negar la empinada cuesta de moralidad por la que baja el Ser Humano, sin frenos. Que haya egoísmo e individualismo (capitalismo) agresivo se toma como condición humana que, de tan natural, no debemos siquiera evitarla. La posición esa a cuatro patas en la que se haya buen porcentaje de la población trabajadora, con los pantalones bajados esperando a que el patrón les dé por el culo, se antoja tan difícil de afrontar (individualmente pensado, como es natural) que es mejor pensar en seguir tragando, no vaya a ser que una queja termine con el puesto de trabajo. Y la tele basura. Millones de personas viendo mierda por la tele: a mi padre he tenido que ponerle una peli para que no se quedase apalancado tirando el rato.
El reconocimiento de estos males trae de la mano su propia disculpa, y su salvoconducto para seguir cada uno en su pozo. Y me dicen: ya, pero es que no hay nada que hacer. Y yo digo: pues entonces sería mejor acabar con el mundo.
Pero entonces veo que, al menos, no soy el único que siente así. El mundo está lleno de optimistas bien informados. Están ahí (hasta Saramago, sí). Lo que cada uno pueda hacer algo será frente a tanta decadencia.
Como hay gente que piensa que tengo especial tirria a los periodistas (susceptibilidad endémica), cuando, aunque hay cosas más lejos de la realidad, no es en absoluto cierto: en general aborrezco a todo aquel que malversa una función pública (no hablo de funcionarios), sea en beneficio propio o por simple dejadez. Lo que pasa es que los periodistas y los políticos son los más perfectos malversadores de unas funciones que, de tan importantes, tienen protección constitucional. Para muestra, botones suficientes como para abrochar una camisa:
El caso Gómez vs. Trinidad: cómo no me van a dar asco los políticos, los del PSOE casi más que los del PP, cuando se inventan todo este circo (algo así como que Trini viene a arrebatar el báculo de Aguirre) de las elecciones primarias habiendo decidido hace ya varios meses que es la actual Ministra de Sanidad la que competirá en Madrid. ¿Y cómo lo sé? Pues ni siquiera puedo presumir de contactos: un profesor nos dijo en clase que un amigo suyo, militante del PSOE, le había dado el chivatazo. Y esa información es de mayo, o quizá antes. En cualquier caso, el grupo PRISA está haciendo un minucioso y excitante seguimiento de esta pantomima escrita hace ya algunos meses.
La Manifestación de Semana Grande: para los que no son de Donosti, explico que cada año, en las fiestas de la ciudad, se celebra una manifestación que hasta hace unos pocos años no se prohibía y últimamente ha venido cuestionándose su legalidad. Se hacen tantas manifas que ya no sé cuál es cuál, pero creo recordar que ésta fue prohibida (y se celebró de todas formas, con las consecuentes movidas) hace un par de años o tres. Las premisas, las de siempre, presos vascos al país vasco, la represión no es el camino, y del estilo. Ahora bien, aunque las premisas fuesen "Juan Carlos I, nos cagamos en tu puta madre" o "Gora ETA", la manifestación debe poder celebrarse sin interferencias de nadie. Y será legal, porque el derecho a manifestarse es fundamental. Pero la trampa hecha para esta ley consiste en alegar posibles disturbios públicos por razón de la manifestación, y ésta sí es una razón oponible para evitar que se haga. ¡Pero si nunca ha habido disturbios salvo los que los propios Ertzainas provocan! Ya. ¡Pero si la Falange vino para hacer una manifestación y, siendo evidente que habría problemas, se permitió la celebración! Ya.
Tengo más, pero mi estilo aspira a ser tan ameno como la columna central de la web de El País, así que me las guardo para otros días.
Yo no he llorado de alegría, pero también se me ha quedado en el cuerpo la sensación de que hoy el mundo es un poco mejor que ayer, ahora que se han prohibido las corridas de toros en un trozo de España que cada día merece menos serlo. Y el mundo sigue siendo igual de malo, porque los que estaban en contra siguen en contra y los que estaban a favor, lo mismo, pero algo parece que cambia, quizá sentando precedente para futuras y deseables prohibiciones. Y yo también lamento que se dé una lectura política al asunto, cuando seguro que en esa iniciativa legislativa popular había de todo, pero sobre todo gente con sentido común, la cual no tiene por qué ser independentista (y si lo son todos, pues bien por ellos, una cosa no quita la otra, ni deja de tener valor el gesto).
Me quedo con dos observaciones sobre el asunto, más allá de si es adecuado y bla.
Montilla ha dicho que ha votado en contra porque está, atención, a favor de la Libertad. De ahí se pueden extraer dos lecturas: o dice que los que lo prohíben están en contra de la Libertad, o es que dejar que maten toros en plazas es estar a favor de ésta. Se le ha olvidado matizar que cree en la Libertad de los seres humanos. La de los toros es otro cantar (y hablar de "la Libertad de los toros" no es ninguna burrada, por cierto).
La otra observación, más escandalosa aunque a todo el mundo parece olvidársele, es que han hecho falta más de 150.000 firmas para que el Parlamento catalán decida que, ojo, se admite a trámite la propuesta. Ni siquiera tenía por qué salir aceptado. Al Congreso de los Diputados (el del Estado completo) han llegado alrededor de 50 Iniciativas Legislativas Populares, con el esfuerzo que ello conlleva a los que han tratado de recavar las firmas porque no hay un partido que tenga interés en hacer la propuesta. De esas 50 iniciativas, sólo dos, DOS, pasaron la aprobación de admisión a trámite. Una vez pasaron, de esas dos ninguna llegó a hacerse norma. Ésos son los mecanismos que el ciudadano tiene para ser oído políticamente.
Hoy los catalanes vuelven a demostrar que son un poco mejores que el resto. Sí, sí, mejores.
No puede ser "la mejor película dramática del año" porque aquí se ha estrenado con dos de retraso, pero ha sido, con seguridad, uno de los mejores estrenos (en España, digo) del año, y de largo. Quizá el mejor, hasta el 6 de agosto.
Drama profundo, hondo, de pasiones sostenidas y febriles, en la línea de Match Point, pero sin suspense delictivo y, probablemente, mejor. La historia de un hombre un poco trastornado que juega a dos bandas mientras la cosa aguante, o mientras aclare lo que quiere para sí. Me da igual si el argumento está manido, porque eso no es lo importante. Como decía Javier Ocaña en El País, James Gray (el director) es uno de los autores más infravalorados del panorama, y esta es su obra maestra. Y Joaquin Phoenix hace uno de sus mejores papeles. Ya la han quitado de los cines pero os la podréis bajar sin problemas. Dadle una oportunidad y ya me contaréis.
Cada vez me doy más cuenta de ello, y no me satisface en absoluto. Las tristezas de la vida, pequeñas y algunas un poco más grandes, y casi siempre ajenas, me afectan cada vez con mayor peso.
Me duelen los viudos, me duelen las parejas rotas, me duele los insectos aplastados, las ancianas sin fuerzas, las prostitutas, los mendigos, los filetes que me como, las buenas personas...
Todo redunda en sentir una responsabilidad incumplida para con algo...y no sé qué.
Al mismo tiempo, al menos, cada vez me emocionan más los gestos de civismo, el movimiento organizado y solidario de la masa y, en fin, todas esas virtudes de los seres humanos que van paulatinamente olvidándose y que, por eso, supongo, brillan más y más en su ausencia.